El título del post, sin decir nada del otro mundo, es ya sugerente de cojones, ¿o no? Pasa como con las palabras vecina o prima. Cuando alguien te dice “mi vecina” o “mi prima” te entran deseos irrefenables de preguntar “¿está buena?”, ya que tu calenturienta mente ya ha empezado a imaginar a una diosa de curvas imposibles y apetito sexual insaciable, y necesitas confirmar, como persona precavida, que tu testosterona no está jugando una mala pasada. Y sigue pasándonos, a pesar de que en un 99% de los casos la vecina o prima de marras es un orco a la que no tocarías ni con el palo de la escoba. Eso es lo bueno de las palabras “azafata de salón del automóvil”, nunca decepcionan, porque éstas siempre están buenas de cojones.
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